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Ecofisiología y manejo del cultivo de soja | Volver al listado
Porque, cuando y cómo los fertilizantes foliares pueden mejorar la estabilidad y el potencial productivo.
La tecnología actual conoce bastante bien como manejar el cultivo de trigo y maximizar su rendimiento real, aproximándose al rendimiento potencial.
En cambio en soja, los técnicos no están conformes con los rendimientos reales logrados, ya que estos rendimientos distan mucho de los rendimientos potenciales. Así, según las predicciones surgidas de los modelos de simulación vigentes con los materiales actualmente disponibles, los rendimientos potenciales son del orden de 6.000 Kg. /ha o más.
Hoy no pueden superarse en soja los techos de rendimiento, principalmente por razones atribuidas al manejo del cultivo.
Frente a esta situación y tratando de aproximarse al problema, la primera pregunta que surge es:
¿Qué variables explican el rendimiento de soja?
Las aproximaciones conocidas indican que, para la zona central sojera, se puede explicar el rendimiento obtenido en el 65% por las condiciones climáticas que ocurren durante la campaña (agua disponible, y principalmente acumulada más que precipitada, y no tanto la radiación solar).
La interacción genotipo-ambiente y el grupo de madurez definen en menor proporción el éxito de la campaña, con el 16% y entre el 6-8% respectivamente.
Si bien se sabe que la soja es más tolerante a déficits hídricos que otros cultivos, las lluvias presiembra y las ocurridas durante el cultivo definen el potencial productivo.
En general, el cultivo de soja tiene necesidades de agua bien definidas, que varían en función de si es primera o segunda siembra. Así, y para zona núcleo, las sojas de primera requieren entre 500 y 650 mm de agua disponible, mientras que las de segunda necesitan algo menos, entre 350 y 550 mm.
Es de destacar que el óptimo de agua disponible entre floración y madurez es de 180 mm. Por lo tanto, es claro que el cultivo requiere la mayor cantidad de agua antes de la floración.
Por ello, es muy alta la correlación entre el potencial productivo y las lluvias (y agua acumulada hasta prefloración) entre los estados de emergencia y R1 (comienzo de floración).
Tener condiciones óptimas para el cultivo previo a floración asegura un buen tamaño de planta y por lo tanto un adecuado número de nudos, gran área foliar (abundante materia seca). Todo esto desencadenará, como veremos más adelante, mayor cantidad de frutos fijados y por lo tanto mayor número de granos por unidad de área.
Eficiencias de conversión y disponibilidades de agua en nuestra región se observan en el Cuadro 1.
Cuadro 1: eficiencias de conversión y disponibilidades hídricas en zona núcleo sojera
Eficiencias de conversión de soja: entre 6,8 y 7,3 kg de grano/mm de agua disponible durante el ciclo del cultivo
Agua disponible: 450-700 mm
Si el agua disponible es lo que marca el potencial, las medidas agronómicas deben tender a atenuar su déficit.
La siguiente aproximación al problema es:
¿Cuál es el componente que explica mayormente el rendimiento en el cultivo de soja?
Todos los investigadores coinciden en que es el número de granos y no el peso de los granos, quien define el rendimiento, con relaciones que van desde 0,77 a 0,88.
El período crítico (PC) para número de granos es entre R1 (comienzo de floración y R6 (máximo tamaño de granos)-ver Figura 1-, centrándose principalmente entre R4 (plena fructificación) y R6 o lo que sería casi lo mismo decir, desde 15 días antes y hasta 15 días después a R5 (comienzo de llenado de granos).
Figura 1: Período crítico para número de granos en soja
En la Figura 1 se grafican las evoluciones a lo largo del ciclo del cultivo de las vainas por nudo (curva celeste) y de los granos por nudo (curva naranja). Ambos componentes de rendimiento alcanzan el máximo alrededor de R4. A partir de ese momento decaen hasta estabilizarse su número final en R6. Estas tasas de caída dependerán de los recursos con los que cuente el cultivo entre R4 y R6. A mayores recursos disponibles, menores serán las tasas de disminución y mayor el número de granos. De allí que este sea el período crítico “más crítico” para la definición de los número de granos del cultivo.
Esto no quiere decir que no sean importantes las pérdidas de rendimiento ocasionadas antes de R4 (ver Figura 2 y curva roja de Figura 1). Pero, las menores tasas de formación de vainas y granos potenciales, podrán ser parcialmente compensadas, si las condiciones son mejores en torno a R4, con menores tasas de disminución de vainas y granos, o con mayor peso de los granos.
Desde este punto de vista, materiales de gran tamaño de grano (por ejemplo: DM 3700, A 5009 RG, AS 5308i, A 6411 RG, DM 6500, LDS 6,2, etc.) tendrán mayores posibilidades de compensar.
En cambio, es muy probable que aquellos materiales de grupos de madurez cortos, con grano chico (por ejemplo: NK 32-00, DM 220, Atarita 31, FN 3.60, NK 34-00, A 3731 RG, A 4009 RG, etc.) tengan menores posibilidades de compensar. Por lo tanto, habría cultivares cuyo período crítico “crítico” es más extenso.
Figura 2: Pérdida de granos durante el Período crítico en soja.
Adaptado de Kantolic et al, 2003.
Para seguir tratando de entender el problema nos preguntamos:
¿Cuáles son las condiciones de crecimiento dentro del PC que maximizan el potencial de rinde?
Las condiciones son:
• En R5 el cultivo debe interceptar el 95% de radicación solar (IAF crítico). Cuanto antes se cierre el cultivo, mejor.
• En R5 debe haberse acumulado gran biomasa foliar, igual o mayor a 600 gr. de MS (materia seca)/m2 , equivalente a alrededor de 2,5 kilos de materia verde por m2
• En R5 la tasa de crecimiento del cultivo debe ser mayor a 13 gr. MS/ m2 día (debe incrementarse a razón de 60 gramos de Mat. Verde por día por metro, o un equivalente a 60 kilos de materia verde por ha)
El potencial de rendimiento de soja está condicionado por fuente (área foliar, raíz, removilización de reservas), y no por destinos (número de granos y su peso).
Además, la soja es planta tipo C3, de menor eficiencia fotosintética que el maíz o el sorgo. Por lo tanto, todas las prácticas agronómicas que logren maximizar la actividad de la fuente durante el PC, conducirán a maximizar el potencial de rinde.
Debido a estas condiciones y características, para maximizar el potencial productivo del cultivo de soja:
• Debemos colocar al PC en la etapa del año con la mayor radiación solar posible (principio de verano).
• Debemos optimizar la intercepción de la radiación solar con cobertura total alrededor de R2-R3, lo que significa lograr índices de área foliar superiores a 3,1 (3,1 m2 de hoja por m2 de suelo).
• Debemos asegurar que el área foliar esté activa y sana, sin problemas de insectos y enfermedades de fin de ciclo
• Debemos maximizar la exploración radical, para disponer de buena provisión de agua.
• Debemos asegurar buena disponibilidad de nutrientes (principalmente nitrógeno) ya sea con buena actividad de nódulos en la raíz y/o fertilizaciones oportunas
Todas estas prácticas permitirán acumular la mayor radiación interceptada durante el PC que, junto con la eficiencia de conversión (que depende principalmente de la especie), permitirá lograr la mayor tasa de crecimiento del cultivo, con mayor número de vainas fijadas y
mayor número de granos.
La duración del período crítico también es muy importante para maximizar el rendimiento. La duración del PC es definido principalmente por la fecha de siembra porque es más dependiente del fotoperíodo. Siembras tempranas (fin de octubre-mediados de noviembre, en zona núcleo) maximizan su duración.
La duración del PC es poco afectado por las condiciones ambientales que ocurren en él.
Es importante considerar que la soja es un cultivo cuyo grano es muy rico en proteínas y aceite, y demanda mayor cantidad de nutrientes por unidad de rendimiento. Por lo tanto, también tiene gran importancia el estado del cultivo durante el período de llenado de sus granos.
Falta de agua y/o nutrientes (principalmente nitrógeno y fósforo) en esta etapa, limitarán la duración del llenado (la tasa es poco modificada), afectando el peso y/o la calidad de granos.
Practicas más comunes recomendadas para lograr
un buen cultivo de soja
Sin dejar de lado nuestro objetivo, ver de que manera podemos acercar el rendimiento real al potencial, analizaremos a continuación, siguiendo la secuencia del cultivo, las recomendaciones más comunes para lograr el éxito, indicando alguna limitación agronómica.
Estas son:
Elegir la mejor genética. Es importante elegir el material en función de las características del ambiente, entre los de mayor potencial de rendimiento y los más plásticos.
Normalmente la calidad está positivamente asociada con menor vuelco, mejor sanidad y menor dehiscencia entre otras características.
En general, en la zona núcleo sojera, a mejor ambiente menor GM (III y IV cortos) porque tienen mayor potencial de rendimiento, ya que sitúan su PC en los momentos más favorables, principio del verano, con la mayor radiación solar.
Sin embargo hay que tener en cuenta que los GM cortos toleran poco las limitantes fisico-químicas del suelo.
Además, estos GM tienen menor capacidad de exploración radical (1,3 metros de profundidad en suelos sin limitaciones físicas contra 1,8-2 metros en GM altos).
Los GM más altos (IV largos y V cortos hasta V largos) son recomendados en ambientes más limitantes, por ejemplo: suelos muy chacareados ó perfiles con poco agua presiembra.
Considerar el suelo y el sistema de labranza utilizados. Si bien no se dejará de sembrar en suelos con problemas, si es importante consignarlos para fijar el potencial esperado y las prácticas agronómicas a realizar.
Hay gran correlación entre rendimiento y calidad de suelo, referido principalmente a calidad física, ya que con problemas de impedancia mecánica, no se puede aprovechar eficientemente el agua disponible en el sistema.
También es importante considerar los suelos degradados, principalmente al definir el plan de fertilización, ya que con poca materia orgánica serán deficitarios los macro y micronutrientes, normalmente con funciones vitales en el PC.
Combinar adecuadamente el GM con fecha de siembra y la distribución espacial. Con GM cortos conviene adelantar la fecha de siembra (evitando heladas tardías) porque, por respuestas fotoperiódicas, compensará aumentando el período vegetativo (emergencia-floración) y la duración y calidad del PC.
Pero, al adelantar la fecha de siembra, las plantas individuales alcanzan menor crecimiento. Por lo tanto, se debe acortar la distancia entre surcos para lograr el IAF crítico en R2-R3.
Si se atrasa la fecha de siembra, deberá optarse por GM un poco más largos, ya que el período previo a floración de los GM cortos tendrá poca duración.
Inocular. Esta práctica está muy difundida y hoy ya no es discutida. Realizar correctas inoculaciones, permite obtener nódulos de mejor calidad y porte, mejorando la fijación biológica de nitrógeno (FBN).
La FBN puede aportar entre el 30 y el 70% de las necesidades de Nitrógeno del cultivo (dependiendo de disponibilidad y condiciones), el resto lo provee la mineralización del suelo.
Es importante tomar en cuenta, que mejora el rendimiento sólo entre 7 y 10% el rendimiento, en el 80 % de los casos (media de 706 ensayos durante 16 años realizados por INTA en pampa húmeda).
La adecuada disponibilidad de nitrógeno durante el PC, mejora el área foliar disponible y su duración, favoreciendo la intercepción de radiación y la tasa de crecimiento del cultivo.
Es importante recalcar que las raíces dejan de crecer en R5 (pleno PC), y que la FBN decae en tales circunstancias, muriendo progresivamente los nódulos. Por lo tanto, la FBN decae marcadamente en la última parte del PC (R5-R6) y la tasa de crecimiento del cultivo debe sostenerse con la mineralización del suelo, escasa en tierras chacareadas o con poca materia orgánica.
Fertilizar en forma conveniente. La fertilización con nitrógeno a la siembra afecta la nodulación, afectando en forma negativa al rendimiento.
Lotes bien inoculados y luego de muchos años de soja, puede esperarse que los rizobios fijarán suficiente Nitrógeno para alcanzar los rendimientos esperados.
Sin embargo, se mejoran las respuestas con aplicaciones de fertilizantes foliares, alrededor de floración para nutrir mejor al sistema. La fertilización fosforada a la siembra presenta buenas expectativas de respuesta cuando el suelo tiene 12 ppm o menos de fósforo disponible (Bray 1).
La fertilización con azufre se recomienda en general teniendo en cuenta más el manejo de cultivos anteriores y la historia del lote (monocultivos trigo/soja en suelos degradados o erosionados, con poca materia orgánica) que por la concentración del nutriente en el suelo.
Como se observa, no hay recomendaciones tan específicas a la aplicación de macronutrientes en soja.
Se empieza a detectar niveles de respuesta interesantes a la aplicación de micronutrientes como molibdeno (Mo), cobalto (Co) y boro (Bo) en tratamientos de suelo y foliares.
Aplicar técnicas para disminuir los efectos del stress prolongado, principalmente hídrico. Como vimos anteriormente, el rendimiento en soja está más condicionado por las condiciones hídricas (agua acumulada y precipitada) que por la radiación.
Hasta ahora es poca la atención que se ha puesto en las mejoras en el crecimiento y funcionamiento de la raíz, haciéndose siempre foco en la parte aérea del cultivo.
La raíz, en todos los cultivos, es parte esencial para lograr altos y estables rendimientos.
Es más simple entenderlo en suelos con impedancias mecánicas: el potencial de rinde cae debido a la pobre exploración radical.
La raíz crece por el aporte de glúcidos de la parte aérea. Sin impedancias mecánicas, mientras mayor biomasa aérea se logre, mejor será el desarrollo de las raíces del cultivo, alcanzando profundidades de 1,3 m (GM cortos) hasta 2,0 m (GM altos).
En soja, los mayores niveles de crecimiento de raíz se producen luego de R1. A partir de allí se maximiza la eficiencia de absorción. En R5 la raíz deja de crecer, se suberiza y pierde eficiencia y funcionalidad, afectándose sensiblemente la absorción de agua y nutrientes y anulándose prácticamente la FBN.
Es decir que si en R1 hay buena dotación de agua en profundidad, tendremos buenas probabilidades de lograr altos rendimientos. Por lo tanto, todas las prácticas agronómicas que tiendan a mejorar la exploración radical permitirán compensar parcialmente las deficiencias hídricas a partir de R1, y serán por ende muy beneficiosas para el resultado final del cultivo.
Mejorar el llenado de granos. Como vimos anteriormente el peso de los granos no es el principal componente del rendimiento. Pero, a igualdad de granos por unidad de área, a mayor peso mejor será el rendimiento final.
Toda práctica orientada a preservar la duración del área foliar, la disponibilidad de agua y nitrógeno, colabora en tal sentido.
Controlar adecuadamente las plagas que afectan el área foliar, como así también mejorar la sanidad (el monocultivo de soja y la siembra directa han incrementado la aparición de las enfermedades de fin de ciclo, con pérdidas de rinde entre 8-10%, y afectando mucho la calidad de la semilla), se favorecerán las condiciones del llenado.
Además, logrando disponibilidad de nitrógeno tardío, se incrementará la cantidad de proteína, sin modificar el contenido de aceite (que depende más de las condiciones hídricas durante el llenado).
Nuevas prácticas para estabilizar producciones y reducir la brecha entre rendimiento potencial y real:
los fertilizantes foliares
Más de la mitad del éxito del cultivo de soja depende del clima (principalmente disponibilidad hídrica) que se presente en la campaña. Ante esta variable nada podemos hacer, salvo disminuir su impacto, con decisiones certeras y oportunas de manejo.
Incentivar el desarrollo de las raíces, incrementar la biomasa antes de floración, fertilizar eficientemente en momentos oportunos del cultivo; son prácticas que hoy ya se vislumbran para prevenir o subsanar efectos de stress leves a moderados del cultivo.
Estas prácticas se basan principalmente en la utilización de fertilizantes foliares. Estas nuevas tecnologías deben ser consideradas como fórmulas alternativas de seguros multiriesgo: con pólizas relativamente económicas, que permitirán subsanar eventuales problemas que puedan presentarse a lo largo del ciclo, logrando no sólo impedir la caída del rendimiento incluso, en muchos casos, mejorarlo.
La fertilización foliar es una practica agronómica complementaria que cada vez incorpora más adeptos entre productores y técnicos. La misma es sin duda una vía de búsqueda hacia la mayor estabilidad y mejor rendimiento de los cultivos.
El portafolio de productos de Technidea cuenta con una serie de fertilizantes de aplicación foliar para soja y otros cultivos, y permiten desarrollar distintas estrategias de uso, para estabilizar y optimizar rendimientos. Son productos complementarios de otros fertilizantes de base, herramientas accesorias, de costo acotado, orientadas en algunos casos a atenuar el efecto de condiciones desfavorables del ambiente, y en otros estimular el desarrollo del cultivo, para optimizar los rendimientos eficientemente.
Son de fácil aplicación y se complementan con las prácticas de manejo común del cultivo, sin encarecer significativamente el costo de producción.
Para interpretar mejor su uso, Los desarrollaremos a partir de su uso según el ciclo ontogénico de la soja.
Se señaló anteriormente la menor exploración radical de los GM cortos y su poca tolerancia a limitaciones físicas y químicas del suelo. También se indicó la importancia de los nódulos para la FBN y el valor que se le debe dar al buen funcionamiento radical para lograr mejores nódulos y mayor exploración del perfil del suelo y así incorporar correctamente al cultivo agua y nutrientes (principalmente nitrógeno) durante el período crítico y el llenado de granos.
Molcozin es una formulación a base de molibdeno, cobalto y Zinc.
Todos estos micronutrientes tienen funciones específicas y una activa participación en el ciclo del pasaje del nitrógeno atmosférico a estructural, en distintas enzimas y cofactores. Particularmente el molibdeno y el zinc son fundamentales en complejos enzimáticos que regulan la síntesis de proteína.
El cobalto participa activamente en la división celular, fotosíntesis y formación de leghemoglobina, proteína clave para la FBN.
Molcozin estimula, nutre y favorece las funciones de los nódulos de la raíz, dándoles mayor actividad por más tiempo, mejorando directa e indirectamente la capacidad de absorción de las raíces y el crecimiento del cultivo.
Al ser de aplicación foliar, no afecta a la viabilidad inicial del nódulo, como otros productos que se aplican a semilla.
Se requiere su disponibilidad entre V4 (inicio del desarrollo del nódulo) y R1 (inicio de la funcionalidad del nódulo y comienzo del crecimiento exponencial de la raíz). Por lo tanto, su aplicación deberá ser, en lo posible, durante el estado vegetativo siempre que haya suficiente área foliar para evitar pérdidas de producto por caída al suelo (no se absorbe por raíz).
La mejor recomendación es aplicarlo junto con el último glifosato, anterior al cierre de surco.
Además, los coadyuvantes y adherentes de su formulación, lo hacen un sinergizante del accionar del glifosato en dichas aplicaciones conjuntas.
La dosis de uso es de 250 cc/ha. Aplicado solo, con glifosato, o en mezcla con insecticidas.
Se utiliza en aquellas situaciones en las cuales el crecimiento y desarrollo potencial de los nódulos y/o de las raíces puedan ser limitados:
• Grupos de madurez cortos
• Siembras tardías
• Deficiencia de agua marcadas antes de siembra
• Precipitaciones inferiores a las necesarias durante la fase vegetativa
• Deficiencias nutricionales por agricultura excesiva (lote chacareado)
• Suelos ácidos (con pH entre 5 y 6 es común reportar falta de molibdeno, cobalto y zinc)
• Suelos arenosos (el cobalto generalmente es deficiente)
• Deficiencias físicas que limiten desarrollo radical (clases de capacidad de uso III ó peor, con subclase e, w, ó s).
• Deficiencias en el stand de plantas logradas (hay información robusta que indica que aplicaciones de Molcozin incrementa hasta 10% el stand de plantas en lotes no bien logrados)
Ante las situaciones enunciadas, la aplicación de Molcozin incrementa las posibilidades de lograr mejores nódulos, que aportarán más nitrógeno al sistema y se lograrán mejores raíces, con mayor crecimiento, beneficiando al desarrollo del cultivo.
Su utilización se define 20 días post siembra, para aplicarse 10 días después.
En este momento ya tendrá claridad de las condiciones imperantes, si se puede esperar respuesta al tratamiento o no. Con una, o más de una de las situaciones anteriormente descriptas presentes, tiene grandes posibilidades de mejorar los rendimientos entre 150 a 300 kilos por ha., con algunas situaciones extremas en las que se pueden lograr 500 kilos de incremento.
En situaciones de marginalidad zonal o condición agronómica desfavorable, es recomendable la aplicación de Molcozin con el agregado de 200 cc/ha de Samppi 3, para estimular aún más el crecimiento radical.
Se señaló anteriormente la importancia de lograr el IAF crítico en etapas tempranas del cultivo de soja y obtener un alto número de granos para lograr altos rendimientos. En ciertas condiciones ambientales adecuadas, y con conducción agronómica que parece ser correcta, pero el cultivo no cierra y/o el número de granos fijado es menor al esperado.
Puede ser que falte boro, un microelemento al que varios investigadores encontraron respuestas a su aplicación complementaria.
Boro Foliar es una formulación a base boro al 14%. El boro es particularmente importante en la actividad meristemática y en la división celular, principalmente en dicotiledóneas. Actúa en la fijación de flores fértiles y en su fecundación. Parece regular el metabolismo de carbohidratos y su falta provoca desordenes nutricionales. Además, es poco móvil en la planta y ante deficiencias es necesaria una suplementación en las áreas de crecimiento.
Los síntomas de falta de boro, no fácilmente visibles en las primeras etapas del cultivo, son principalmente decoloración de hojas jóvenes (que pueden morir) y plantas más pequeñas. El síntoma más evidente es la caída de flores y frutos, pero en ese momento será tarde para evitar la pérdida de rendimiento.
Boro Foliar está en sus primeras etapas de estudio. No hay consistencia aún sobre el método de diagnóstico y el momento de uso. Pero, es recomendable en cultivos agronómicamente bien logrados y de alto potencial esperable en ambientes con las siguientes condiciones:
• Suelos arenosos o arcillosos
• Suelos alcalinos
• Condiciones de sequía en la etapa vegetativa
• Condiciones de agricultura excesiva o con deficiencias de estructura (lote chacareado)
En situaciones como las descriptas se recomienda su aplicación a razón de 1 litro/ha.
Boro Foliar se debe pulverizar, al igual que Molcozin, con el glifosato antes del cierre de surcos. De este modo se mejorará el color y desarrollo de la planta y limitaremos la caída de flores y frutos. Pueden aplicarse ambos productos conjuntamente.
Al igual que Molcozin, su utilización se define 20 días post siembra, para aplicarse 10 días después.
Se señaló anteriormente la importancia de lograr el IAF crítico en etapas tempranas del cultivo de soja (ideal R2-R3) y de lograr una alta tasa de crecimiento del cultivo durante R4-R6 con área foliar activa y sana. De este modo, maximizaremos el potencial del número de granos. El rol del nitrógeno en esta etapa es fundamental.
También se señaló que la raíz deja de crecer en R5, provocando menor funcionalidad en absorción de agua y nutrientes, la FBN decae y los nódulos senecen.
Por último, ya conocimos las posibilidades que tiene el peso de los granos en compensar disminuciones de rendimiento. Aumentando la duración del área foliar tendremos posibilidades de aumentar el peso de los granos.
Daimon es una formulación a base de nitrógeno, ampliamente conocido por sus resultados en trigo y maíz. Daimon nutre al cultivo con nitrógeno de rápida disponibilidad, que la planta de soja moviliza rápidamente, sin interferir en el accionar de sus nódulos radicales.
Además de las ventajas de sostener la nutrición nitrogenada para mantener la máxima tasa de crecimiento del cultivo en período crítico, Daimon puede colaborar en retrasar la senescencia foliar y disminuir la incidencia de las enfermedades de fin de ciclo.
Además, las aplicaciones de Daimon en R5 pueden mejorar el porcentaje de proteína en grano.
Puede aplicarse sólo o en forma conjunta con Glycynphos, como veremos más adelante.
Se aconseja la aplicación de Daimon en las siguientes situaciones:
• Manejo de cultivar (GM), fecha, densidad de siembra y arreglo espacial adecuados al potencial pretendido.
• Elección de un cultivar con mediano a alto peso de granos.
• Condiciones de desarrollo hasta R1 adecuadas, sin limitantes severas en cuanto a disponibilidad de agua.
• Lote con pocas limitaciones de tipo físico (suelos clase I y II, hasta III, que en la campaña no hayan impedido expresar el potencial del cultivo).
• Lotes con varios años de Agricultura o muy chacareados, con bajo nivel de materia orgánica.
En situaciones como las descriptas se recomienda su aplicación a partir de IAF crítico (R2-R3) hasta R5, a razón de 5 a 10 litros/ha.
La dosis está relacionada a la expectativa de rendimiento. Así, se aconseja en situaciones medias a buenas la adopción de las dosis menores. En situaciones muy favorables y de gran expectativa, se recomienda el uso de las dosis mayores.
Glycynphos es una formulación a base de fosfito de potasio.
El fosfito de potasio se ha desarrollado como un fertilizante fosforado foliar, que provee de fósforo de rápida asimilación, a cultivos intensivos como papa, café, bananos y cítricos.
A partir de dicho uso, se ha encontrado que, además de la disponibilidad inmediata de fósforo en la planta, también posee propiedades como fungicida preventivo de enfermedades. De manera general, la acción del fósforo en forma de ión fosfito en combinación con potasio o cobre promueve los mecanismos de defensa naturales de la planta, manifestándose muy atenuada la intensidad de la enfermedad.
A los fosfitos se les atribuye la producción de una respuesta sistémica inducida ya que, una vez absorbido por las plantas, desencadena una reacción de defensa mediante la activación de sustancias naturales que son eficaces en retrasar o impedir la infección de los patógenos.
Además, el potasio fortalece la pared celular de las células epiteliales y es vital para la fotosíntesis; su déficit incrementa la intensidad de las enfermedades y generan debilidad en plantas, especialmente en tallos y ramificaciones (caída de vainas).
Se aconseja su aplicación en las siguientes situaciones:
• Manejo de cultivar (GM), fecha, densidad de siembra y arreglo espacial adecuados al potencial pretendido.
• Elección de un cultivar con mediano a alto peso de granos.
• Nula o baja fertilización fosforada a la siembra, con valores bajos de disponibilidad de fósforo (lotes alquilados o siembras de segunda).
• condiciones de desarrollo hasta R1 adecuadas, con buena disponibilidad de agua.
• Lote con pocas limitaciones de tipo físico (suelos clase I y II, hasta III, que en la campaña no hayan impedido expresar el potencial del cultivo).
• Lotes con varios años de Agricultura o muy chacareados, con bajo nivel de materia orgánica.
• Decisión de no realizar tratamiento fungicida, a menos que sea imprescindible.
Ante estas situaciones se recomienda la aplicación de Glycynfhos en R2-R3 hasta R5, en dosis de 1 hasta 3 litros por/ha, siendo la más recomendable dos litros/ha.
En determinadas circunstancias, por su rápida movilidad y sus propiedades como fungicida, se aplica en dosis de 1 litro/ha en forma conjunta con media dosis de fungicida, logrando un excelente nivel de control.
Daimon y Glycynphos pueden aplicarse juntos. Los momentos de aplicación son similares y sus modos de acciones son complementarios. Además, son compatibles con cualquier insecticida.
La recomendación para la aplicación conjunta es:
5-10 litros/ha de Daimon + 1-1,5 litros/ha de Glycynphos *
* se recomienda el agregado de 5-10 gramos/ha de giberelinas (ver Giberelinas)
Así, estaremos potenciando la tasa de crecimiento del cultivo durante el PC, con área foliar activa y sana, aumentando la duración del área foliar y dejando al cultivo prevenido ante ataques de enfermedades de fin de ciclo.
Daimon soja es una formulación similar a Daimon, pero con fósforo soluble incluido. Al igual que en los tratamientos anteriores, se propone su utilización en condiciones favorables y promisorias para el cultivo.
Entonces, se aconseja su aplicación en las siguientes situaciones:
• Lotes semilleros
• Manejo de cultivar (GM), fecha, densidad de siembra y arreglo espacial adecuados al potencial pretendido.
• Elección de un cultivar con mediano a alto peso de granos.
• Baja a buena fertilización fosforada a la siembra.
• condiciones de desarrollo hasta R1 adecuadas, con buena disponibilidad de agua.
• Lotes de secano y con riego.
• Lote con pocas limitaciones de tipo físico (suelos clase I y II, hasta III, que en la campaña no hayan impedido expresar el potencial del cultivo).
• Lotes con varios años de Agricultura o muy chacareados, con bajo nivel de materia orgánica.
• Prevista una aplicación de fungicidas triazoles o mezclas.
En situaciones como las descriptas se recomienda su aplicación a partir de R3 y hasta R5, con el fungicida, a razón de 5 litros/ha.
Se recomienda especialmente esta aplicación en lotes semilleros, para asegurar calidad de semillas.
Las hormonas vegetales tienen una función crítica en el desarrollo de las plantas, ya que según su presencia en el sitio y momento adecuado pueden estimular o inhibir procesos fisiológicos específicos, definiendo un cierto crecimiento, diferenciación, metabolismo etc.
Desde su descubrimiento, las giberelinas tomaron posición como hormonas críticas en el desarrollo de las plantas. De las distintas giberelinas, la número 3 ha presentado gran efectividad y presencia en los tejidos vegetales. A esta giberelina se le conoce como Ácido Giberélico.
Las giberelinas actúan en diferentes procesos a lo largo de todo el ciclo de la planta. Así, son importantes en el crecimiento vegetativo y de las raíces (por su activa participación en la elongación, expansión y división celular); en la formación de flores (principalmente en las plantas de días largos como la soja); y en el cuaje y formación de frutos. En el proceso de cuaje, y también en el proceso de pérdida temprana de hojas, las giberelinas inhiben parcialmente la acción del ácido absísico, propiciando el stay green del cultivo. Debido a esto, hay información que indica que la aplicación de giberelinas aumenta el contenido de aceite de los granos de soja.
Es importante destacar que se recomienda aplicar los fertilizantes foliares con las giberelinas, ya que al ser mezcladas mejoran la eficiencia de uso de estos productos.
En soja, también es recomendada la mezcla de giberelinas en todas las aplicaciones de fertilizantes foliares que se realicen. Así, aplicaciones de giberelinas con Molcozin y/ o Boro Foliar (entre V4 y R1), con Daimon y/o Glycynphos (entre R2-R3 y R5), con Daimon Soja y/o Glycynphos (entre R3 y R5), permitirán “giberelizar” el cultivo de soja y, al mismo tiempo, maximizar los efectos de los fertilizantes foliares, insecticidas y fungicidas.
Son recomendadas las aplicaciones sucesivas de giberelinas en dosis de 5 gramos/ha cada una (en aplicaciones conjuntas con otros tratamientos foliares). Estas aplicaciones pueden realizarse hasta 3 veces. De este modo la dosis total acumulando será de 15 gramos/ha, “giberelizando” todo los procesos del cultivo de soja, maximizando el potencial productivo.
Se han detallado distintas fertilizaciones foliares, que son nuevas prácticas recomendadas para intentar estabilizar producciones y reducir la brecha entre rendimiento potencial y real del cultivo de soja.
A modo de resumen se presenta la Figura 3, indicando la ventana de tiempo dentro del ciclo del cultivo de soja donde se recomienda aplicar cada uno de los fertilizantes foliares y las giberelinas.
Distintos estudios muestran que hay respuestas a micronutrientes de hasta
1000 Kg./ha. Esto indicaría que existen déficits que no se han identificado y que no se están teniendo en cuenta en las actuales recomendaciones de manejo.
El uso de fertilizantes foliares es la propuesta de Technidea para aproximar los rendimientos reales a los potenciales sin agregar un significativo costo de producción.
Los fertilizantes foliares son productos de gran eficiencia y especificidad. Permiten mejorar la rentabilidad, otorgando mejores posibilidades nutricionales y mejores defensas a los cultivos de soja, asegurando su planteo productivo.
Creemos firmemente que es un paquete tecnológico moderno y muy adecuado a la actual situación del productor, sin importar su tamaño, pero teniendo en cuenta su vocación y necesidades de dar sustentabilidad a su esquema productivo.
Figura 3: ciclo de la soja, su período crítico para número de granos y ventana de aplicación de fertilizantes foliares y giberelinas.
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